Y Octubre se quedó en las menos cuarto cuando Noviembre tocaba el timbre de manera insistente para entrar. Siempre en punto. Cuando colgué la comunicación con Octubre, Noviembre ya se había sacado el saco y yo aquí, en pleno boicot a mi mismo.
Misma historia que hace un mes atrás, dos, tres, cuatro…pero con algunos kilómetros mas encima aunque no de a pié. No terminé de sacarme las nubes patagónicas que se enredaron en mi frondosa cabellera, que Mr. Noviembre ya me abofeteaba con su prisa de fin de año. Aún puedo sentir la nieve derretirse en mis manos. Espero que no vuelva a repetirse. Eso, lo de escurrir, derretir, desvanecer, desaparecer. Se lo permito solo a la arena, al agua, a la sal y ahora a la nieve.
Altibajos y bajialtos han comandado el ejército de mis sentimientos a lo largo de este año. Suena a balance precoz de fin de ejercicio. El deseo fuerza al calendario. Termina y ya.
Somos parte de lo infinitamente infinito. No somos más que roedores corriendo sobre una cinta de Mohebius. Ni principio ni fin, o mejor dicho, el principio es el fin y es el principio. O lo que sería peor, el comienzo se parecerá tanto a otros puntos del recorrido que primero parecerá un deja vu, para luego formar parte de la cotidianeidad; insensibilidad vuelta objeto.
Que mierda es un año? Un año es el período de tiempo que tarda
En fin, acá estoy tratando de salirme de lo de siempre, cuando solito me despierto día a día enroscado en las mismas sábanas, en los mismos planteos. Ya vendré yo y me abofetearé. Ya vendré y verás. Ya vendré y desaparecerás. Volveré y seré millones…de posibilidades.
O por lo menos eso espero.