Tuesday, March 18, 2008

Sendas miradas

Quería compartir con "todos" ustedes dos poemas de Jorge Ricardo Aulicino, escritor argentino, actual columnista de la revista "Ñ".

Ambos poemas nos permiten mas de una lectura, dejando en cada una de ellas una puerta abierta, una re-pregunta, una media mal puesta. Descubriendo talvez un nuevo sentido en si mismo, o simplemente dejando paso a la indeterminación, disuadiendo a la razón, otorgándole un free pass al sentimiento de angustia, permitiéndole a uno ser parte-por un eterno instante-de ese inevitable momento.

Me tropecé con estos poemas poco después de haber escrito el anterior post "miradas", donde también queda reflejado ese abandono-por llamarlo de alguna manera-de la razón, para dejar paso a la duda, a la incertidumbre...a la aceptación y posterior -tan utópica- empatía.

Es decir, todo puede tener una razón de ser, el problema recide en que nuestras razones pueden ser tan antagónicas que nunca llegaríamos a un tácito-ni explícito- acuerdo. Y si bien en el mejor de los casos todo pueda ser explicado-ja!-, lo mas probable es que nos veamos perdídos en la traducción, existiendo tantas lenguas como seres humanos sobre la tierra.

Hagamos algo: No nos pongamos de acuerdo. Tratemos de perdonar. Aceptemos.


Otoños en flor

Bajo nubarrones rosados
paradójicamente puede esperarse
que se aclare el sentido de todo.
Pero estás hecho para la muerte
que es nada.
El enigma seguirá en otra parte,
tu muerte personal no aclara
ni oscurece el panorama.


Paisaje Con Autor

Vivió una escenografía de libros abandonados,
un televisor encendido después de la transmisión
y cigarrillos sin terminar.
Procuraba mirar de frente los objetos:
las roturas del asfalto o las plantas de un acuario.
Pensó en los objetos, soñó con objetos,
vivió rodeado de objetos sin traducción.
El mal y el bien no parecen distintos detrás
de un vidrio tan nítido.
Ahora piensa que el mundo está arreglado
de acuerdo con ciertos propósitos.
Y más allá de ellos los objetos se destiñen sin objeto.
El mundo se rinde de esta manera y uno sonríe
sin entender en qué consiste el triunfo,
mientras el sol brilla sobre una botella en los techos
o escucha los trenes o la lluvia
que vuelve a caer donde había caído y agrega
hongos, óxido, humedad, ciertos olores
a un paisaje que sin embargo no termina de explicarse.

Jorge Ricardo Aulicino

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