De nuevo tus palabras hacen eco dentro de mi cabeza. Cuando antes eran tan solo palabras, ahora ya maduras puedo percibirlas en frases, dando un sentido.
Es que esta vez no necesitaron de un catalizador...
Pienso y vuelvo a pensarlo. Lo estimulante, eso que me sorprende, eso que nos aborda como un tierno abrazo por la espalda, es la corroborada existencia de un catalizador, de un facilitador; salvo que esta vez no ha sido externo. Eso, sin margen a ningún tipo de dudas es lo inmenso. No fue un tren inoculado en tus venas. No fue un brebaje endulzado. No fue nada, o, mas bien, lo fue todo.
Fue la noche. Fueron las palabras. Fueron los silencios. Fueron las caricias digitadas como una gran obra maestra.
Fueron las sonrisas. Fueron las distancias, fueron las parcelas nítidamente demarcadas de un eterno valle, que con el paso de las nubes, se han ido desdibujando hasta formar un único suelo fértil.
Habrán sido las vacaciones de nuestros sentimientos, un círculo de radio infinito. Una planta en la ventana, o un mar de nimiedades.
Tal vez haya sido el mate, los cigarrillos, el horóscopo o el albedrío. Tal vez adolecer de falta de agresividad , o tu sinceridad. Mi calma y mis pitadas.
Tal vez la noche, quizás haya sido su paz. Algo tan simple y hermoso como tu peinado, o algo tan complejo y beligerante como nuestras miradas.
Ha sido todo, ha sido la noche y hemos sido nosotros. Sin nosotros no habrían miradas, no habrían palabras, no habría noche.
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1 comment:
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