Y no llovió. Aseguraban lluvias para la mañana. Mañana plomiza Londinense en pleno corazón porteño. Cielo de terror vintage, haciendo que todo luzca como tal.
Me propongo salir aún mas temprano y así engañar al pronóstico del tiempo. Siempre disfruté engañar al embustero, al mentiroso por deporte. Regocijante. Los fenómenos meteorológicos no miran el noticiero. Es más, hacen lo que les viene en gana.
Acomodé mis gafas oscuras para ocultar las cicatrices del ayer -que amanecen-. No tienen porque saber que es de mi vida con una simple mirada, sin ni siquiera detenerse y esperar una respuesta de una mirada que tiene mucho por decir. Pero claro está que muchas veces no queremos escuchar. Ni siquiera oir. Por eso, para que invitar a alguien que no muestra intenciones de entrar. Dejemos la histeria de lado y ya. Yo con mi mente y mi mente con mis cosas, todas ellas detrás de un binóculo esfumado, y vos con tus ganas de querer pertenecer sin carnet.
Por qué le tenemos tanto temor y horror a la franqueza?