Friday, March 28, 2008

Una tarde de baldosas mojadas y un octubre hermosamente gris

Embriagándome de perfumes ajenos que invaden mi olfato en contra de mi propia voluntad, quizás un poco atenuada por el agua reinante en el húmedo aire que ha ultrajado a esta misteriosa ciudad, testigo culpable de mi inefable insolencia; envuelto me encuentro por esta danza somnífera maquinada por el subterráneo mas compadrito de los cien barrios porteños, tratando de alcanzar un maldito placebo para mi libidinal ansiedad.

Permito que mis pies se encarguen de llevarme a destino, mientras mis anhelos mas perversos se adueñan de lo que queda en pié de mis aturdidos sentidos. Me dejo llevar por la marea inconciente que vuelve a cerrar un círculo vicioso llamado “jornada” y, sin vacilar, sentencio a muerte todo intento de racionalización. Me involucro en lo incesante y me arrodillo ante la vanidad.

Ilumino mi mente con pastillas para ver los rincones de lo intrínseco.

Una ventana. Miro a través de ella. Una mesa de truco me invita a pasar. Una ginebra Bols me da la bienvenida, se arrima y me ronronea que el ruido se permite de martes a viernes. Que la milonga se convierte en la reina de la cantina, que se coge a la brújula del tiempo y nos invita a ser cómplices de sus travesuras. Que las tres de la mañana te canta vale cuatro y la luz reflejada en el ancho de espada te encandila, obligándote a pestañear violentamente. Sacudo mi cerebro. Dejo de imaginar el futuro inmediato y me arrimo a la puerta. Sí. Existe un nosotros entre el sándwich de lomo ahumado (por el humo del cigarrillo) y el porrón de cerveza que transpira de tanto pensar. Me pierdo nuevamente, dejándome llevar por la sorpresa de la mano, como un niño. De repente, me encuentro paseando por las estanterías, caminando entre güisquis añejados de tantas historias contadas, de tantos libros sin prestar.

Mis sentimientos basculantes vuelcan al doblar en cada esquina, en cada calle, en cada café que me invita a pasar mostrándome los beneficios inoculantes de un café doble, noble como la noche ya prácticamente adulta. Y las palabras acuñadas se derraman sobre cada hoja de papel que se cruza por mi camino.

¡Qué la cotidianeidad siga intentando adormecer mis sentidos y doblegar mi pensar! ¡Mas no podrá pues mis divagues serán eternos; mientras la mirada de la cordura y la frescura de la locura sean hemisferios de un mismo planeta!

La vida ya no me pide que cierre los párpados y que descanse. Mañana ya no insiste con que me acueste. El mañana no existe. El mañana se viste de hoy, de ayer.

Ya no necesito dormir, pues sueño despierto.

Tuesday, March 18, 2008

Sendas miradas

Quería compartir con "todos" ustedes dos poemas de Jorge Ricardo Aulicino, escritor argentino, actual columnista de la revista "Ñ".

Ambos poemas nos permiten mas de una lectura, dejando en cada una de ellas una puerta abierta, una re-pregunta, una media mal puesta. Descubriendo talvez un nuevo sentido en si mismo, o simplemente dejando paso a la indeterminación, disuadiendo a la razón, otorgándole un free pass al sentimiento de angustia, permitiéndole a uno ser parte-por un eterno instante-de ese inevitable momento.

Me tropecé con estos poemas poco después de haber escrito el anterior post "miradas", donde también queda reflejado ese abandono-por llamarlo de alguna manera-de la razón, para dejar paso a la duda, a la incertidumbre...a la aceptación y posterior -tan utópica- empatía.

Es decir, todo puede tener una razón de ser, el problema recide en que nuestras razones pueden ser tan antagónicas que nunca llegaríamos a un tácito-ni explícito- acuerdo. Y si bien en el mejor de los casos todo pueda ser explicado-ja!-, lo mas probable es que nos veamos perdídos en la traducción, existiendo tantas lenguas como seres humanos sobre la tierra.

Hagamos algo: No nos pongamos de acuerdo. Tratemos de perdonar. Aceptemos.


Otoños en flor

Bajo nubarrones rosados
paradójicamente puede esperarse
que se aclare el sentido de todo.
Pero estás hecho para la muerte
que es nada.
El enigma seguirá en otra parte,
tu muerte personal no aclara
ni oscurece el panorama.


Paisaje Con Autor

Vivió una escenografía de libros abandonados,
un televisor encendido después de la transmisión
y cigarrillos sin terminar.
Procuraba mirar de frente los objetos:
las roturas del asfalto o las plantas de un acuario.
Pensó en los objetos, soñó con objetos,
vivió rodeado de objetos sin traducción.
El mal y el bien no parecen distintos detrás
de un vidrio tan nítido.
Ahora piensa que el mundo está arreglado
de acuerdo con ciertos propósitos.
Y más allá de ellos los objetos se destiñen sin objeto.
El mundo se rinde de esta manera y uno sonríe
sin entender en qué consiste el triunfo,
mientras el sol brilla sobre una botella en los techos
o escucha los trenes o la lluvia
que vuelve a caer donde había caído y agrega
hongos, óxido, humedad, ciertos olores
a un paisaje que sin embargo no termina de explicarse.

Jorge Ricardo Aulicino

Saturday, March 15, 2008

Miradas

Te ví. O por lo menos creí verte después de tanto tiempo, lo cual es bastante extraño – el hecho de no verte - dada la proximidad física de nuestras moradas.

A veces no conviene joder al destino, atrasar o adelantar agujas, despertar al dormido, partir en dos un panal de abejas, acostarse sobre las vías de un tren, comer vidrio, masticar ira, putear a un amigo.
Pero a veces sí.

...Con esa mirada tan perdida y confundida, escondiéndose detrás del marco de los anteojos. Mirada de esas que marcan distancias que congelan cualquier tipo de sentimiento, por mas cálido que fuese.

En fin, eso. Te ví. Te veo en cada ocasión que mis sueños se extienden hasta tarde. Cada vez que corro para embarcarme en una nave de la nueva metropol con destino puerto Barracas.

Tu misma mirada. Esa mirada vacía, triste, inocua.

Me pregunto: Hasta donde respetar no es mas que una forma de conformismo, inacción, o simple cobardía?

Y continúo: Seguirás siendo vos? Serás como el recuerdo encarnado en esa pobre chica que suelo ver en varios de mis cotidianos viajes?

Ojalá que no. Si bien me gustan las fotografías en blanco y negro, elijo color en la mirada. Ahí el color se transforma en vida, en sentimientos. La ira en ocasiones es vida, como así también la reacción.

Ya me sacaré esa maldita manía pretenciosa de tratar de entender cada movimiento. Es como si pensara la vida como una serie de partidas de ajedrez. No debería ser tan así.

Quizás la fase de aceptación /empatía sea la mas adecuada. Quizás no.